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Un testimonio personal a la hora de entender la salud de tus mascotas

Hoy queríamos usar nuestro blog para que conozcáis el testimonio personal de un amigo nuestro, seguidor desde hace tiempo de esta página y amante incondicional del mundo de los animales. Queremos ofrecértelo como prueba irrefutable de que cuidar de un animal de compañía es una obligación más que una molestia, y como ejemplo de que cualquier indicio, por pequeño que sea, puede estar dándonos un toque de atención sobre lo necesario que es atender bien a nuestros peludos acompañantes:

Hacía algunos días que no veía a mi perro contento. No sabía si era porque todos los días llovía y nuestros paseos eran cortos. Quizá fuese porque empezaba la época en la que los instintos lo llamaban a perpetuar la raza, o tal vez fuera porque tenía algún trastorno pasajero. Convencido de que tenía que supervisarlo para que todo estuviera bien, me propuse esperar unos días para ver cómo evolucionaba el asunto.

Y el asunto evolucionó mal, ya que la tristeza se convirtió en apatía y luego en dolor. Menos mal que, como otras veces, tenía al alcance de la mano un buen contacto profesional, que había localizado visitando esta web, que enseguida me permitió ponerme en contacto con el profesional más cercano a mi domicilio y reservar cita para llevar al perro a pasar una revisión que confirmó que tenía una infección interna. Unas cuantas pastillas, algún que otro pinchazo y una dieta equilibrada pusieron fin a los problemas, afortunadamente para mí.

Y es que es una mascota a la que quiero mucho porque siempre me ha mostrado su fidelidad. Ni siquiera en algunos momentos de enfado o de tristeza ha abandonado su sitio al lado de mi sofá. Yo soy de los que pueden afirmar que cuanto más conozco a las personas más quiero a mi perro, y no es una frase hecha o que se diga para hacer un chiste, es que en ocasiones se convierte en completamente real. El ser humano es egoísta, artero, sibilino y poco fiable. El hombre se convierte a veces, en efecto, en un lobo para el hombre y parece que exista una tendencia natural a hacernos daño. Por eso me agrada muchísimo la fidelidad sin fisuras de mi perro, que siempre está ahí para celebrar conmigo las cosas positivas y para consolarme en las negativas.

La verdad, no sé qué haré cuando ya no esté. Tiene unos años, para un perro quizás excesivos, pero noquiero que desaparezca de mi vida, porque sé que lo pasaré mal. Por supuesto, cuando eso ocurra no tengo ninguna duda de que volveré a comprar un cachorro que cuidaré y querré como cuido y quiero a mi actual mascota. Porque me he convencido que tener una compañía canina es algo adecuado para afrontar con mayores garantías los retos que el día a día me plantea. De hecho, uno de los placeres más auténticos para mí es entrar en casa y oírlo ladrar, dándome las buenas tardes. Y eso, amigos míos, no tiene precio”.

Poco podemos agregar a lo dicho por nuestro amigo, solamente lo siguiente: estamos totalmente de acuerdo. Y tú, ¿también opinas igual?

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